Necesarias para coger fuerza, para relajarse, para emocionarse, en resumen para vivir. Cuanto más te sonríes a ti mismo más te sonríen los demás.
- Las sonrisas saladas: Esas de la gente que, a veces, te cruzas por la calle. Que no esperan nada a cambio por ella sólo que les respondas de la misma manera.
- Las dulces: Suelen pertenecer a los niños pero también hay adultos con sonrisas dulces que dan la vida. Que te transportan a donde quieras.
- Las amargas: Gente que se niega a dejar de sonreír aunque las cosas no vayan de la mejor manera, pero está claro mucho mejor afrontarlo todo con una buena sonrisa.
- Sonrisas ácidas: Cortas y rápidas, salen y desaparecen. Extrañas.
- Picantes: Son el cocktail de sonrisas, se mezclan todas, son premonitorias. Maravillosas. A estas los ojos les acompañan con un brillo especial.
Sin duda alguna alimentarse a base de sonrisas, propias y ajenas, no llenará la panza pero sí el alma.
